Hoy os traemos un post hablando del uso común que se le da a la lejía. De entre los diferentes usos, nos centraremos en las repercusiones que supone en los tejidos.
En primer lugar, no viene mal recordar que todas las prendas llevan un símbolo que indica si puede usarse lejía o no en la prenda. Si buscamos en la etiqueta viene indicado con un símbolo de un triangulo. En este enlace podéis encontrar los diferentes símbolos.
Más allá de si la prenda acepta o no lejía según los consejos del fabricante, conviene preguntarse, que le ocurren a los tejidos una vez son tratados con lejía. De entrada el hipoclorito de sodio, lo que provoca es una reacción química, en la que se libera oxigeno y para entendernos esta reacción remueve los tintes de los tejidos. Dependiendo de la cantidad de lejía del producto, así como el tiempo de exposición y la temperatura del agua, este tendrá un impacto mayor o menor en la prenda, por lo que de entrada siempre es mejor limitar su uso.
Ahora bien ¿qué le ocurre a los diferentes materiales de los que están hechas la prendas? más allá de sus conocidas propiedades desinfectantes o blanqueadoras. O concretamente ¿que aguante tienen las prendas a la lejía? Lo podemos ver en el siguiente cuadro:
Algodón: se puede utilizar lejía pero con moderación ya que va degradando el tejido
Lino: La lejía fuerte ataca al tejido y lo estropea
Cáñamo: Se pueden utilizar lejías débiles
Yute: se pueden utilizar lejías de cualquier tipo
Lana: es sensible a cualquier lejía y el tejido se estropea.
Seda: resiste un poco mejor a la lejía que la lana, pero no es para nada recomendable
Nylon o lycra: sólo resiste a la lejía de forma muy diluida.
Por último conviene resaltar que hay muchos productos con diferentes composiciones y concentraciones de producto, por lo que sus resultados dependerán del producto en cuestión. Nuestro consejo, aunque obvio, consiste en usarla lo menos posible y siempre bajo las indicaciones del fabricante.